martes, 31 de agosto de 2010

COMUNION ENTRE HERMANOS

Casi desde que soy creyente, siempre me había cuestionado el porqué se hablaba en los medios cristianos de “pastores y ovejas”, en realidad pensaba que este aspecto iba enfocado más que todo a los pastores como siervos o líderes de las iglesias, que están pendientes de los miembros de sus respectivas congregaciones y de un modo “línea de emergencias 123”, donde cualquier persona en alguna situación difícil puede acudir pidiendo ayuda espiritual.


Pero vaya si este concepto era superficial; en realidad fueron necesarios varios años para que Dios me revelara cuan profunda era la relación oveja – pastor como perfecta analogía de nuestra relación con Cristo, con nuestros líderes espirituales y con nuestros hermanos en la fe. También pude entender que esa relación de pastorado era todo lo contrario a lo que me imaginaba.



Si Dios en el Salmo 100:3 nos ha llamado sus ovejas, ¿Cuáles serán las características de las ovejas? Aquí relaciono algunas:


1. Las ovejas son poco astutas


2. Necesitan guía


3. Suelen apartarse del rebaño


En realidad creo que son características que pueden ir en contravía de lo que pensamos acerca de nosotros mismos, siempre nos creemos lo suficientemente hábiles y astutos para pelear contra la tentación y aun creemos que saldremos victoriosos en nuestra fuerza. ¿Cuál es la expectativa que una oveja alejada del rebaño pueda derrotar los colmillos y las garras afiladas de los lobos?


Por eso necesitamos la guía constante del Buen Pastor, quien sabe en donde están los mejores pastos, donde están las aguas calmas para beber y no caer en la corriente; también necesitamos de un pastor que nos defienda de los ataques de los depredadores y los peligros que afecten al rebaño.


El Salmo 23:1-2: dice “Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará”


Juan 10:27-30 dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre uno somos”


Tenemos al buen pastor, Cristo es nuestro pastor, en su mano no seremos arrebatados y como creyentes, este es el fundamento de nuestra fe, pues estamos en el redil, bajo el cuidado cariñoso de nuestro Padre celestial. Por eso quienes hemos creído en Cristo como salvador tenemos dueño, tenemos guía y ya no pereceremos eternamente para la gloria de nuestro Dios.


Ahora, mire que hacemos parte de un rebaño, somos un grupo de ovejas y vamos en manada siguiendo la voz del Pastor. Si vemos los animales que andan en manada, el andar en grupo hace parte de su defensa, porque cuando una oveja se aparta del rebaño se está exponiendo a ser herida, pues el texto no dice que los lobos desaparecerán, los lobos continúan al asecho y si bien Dios dice en su Palabra que no pereceremos, es decir, no perderemos la salvación, podemos resultar gravemente heridos asumiendo las consecuencias de nuestros actos.


Allí radica la importancia de la constante comunión entre hermanos, pues en la unidad del rebaño esta nuestra defensa contra la asechanzas de satanás.


1 tesalonicenses 5:12-14 dice: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos”


El Buen Pastor nos guía con su voz siempre, pero entre nosotros, estamos llamados a animarnos a seguir el llamado de Cristo, a ayudarnos con las cargas que tenemos, y cuando estamos tentados necesitamos apoyarnos los unos a los otros en oración e intercesión, porque satanás no descansa en sus intentos de robarnos nuestra tranquilidad y gozo que tenemos en Cristo.


Dios los siga bendiciendo

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